CALIDAD EN NUESTROS GALLOS EJEMPLARES

Hace unos días, al concluir una pelea nada interesante escuché el siguiente intercambio de palabras respecto a la misma entre dos galleros:

  • Ese gallo ganó pero no me convenció, si lo fuera a calificar le daría mal.
  • Dale la calificación que tú quieras pero lo que importa es que gane y ya tiene cuatro peleas así, es dichoso para ganar, nació con suerte y eso es lo que vale.

Más tarde, ya en la casa y repasando los aspectos más significativos del día, me puse a reflexionar sobre las palabras escuchadas y realmente sentí cierta antipatía hacia el dueño del gallo ganador pues aunque cada cual puede tener su criterio y punto de vista, cuando se ama este entretenimiento, deporte o hobbie con profundidad, no se pueden aceptar tales manifestaciones con tranquilidad.

Pienso que la suerte siempre hace falta en todos los aspectos de la vida, pero no debemos dejarlo todo a ella, que venga porque sí y no hagamos nada porque llegue y esté presente en cada objetivo que nos tracemos.

Ante todo se impone un atributo muy importante e ineludible si queremos ser triunfadores, LA CALIDAD. Tengamos en cuenta que la suerte es fortuita y no depende totalmente del hombre, mientras que la calidad sí está totalmente en dependencia de lo que el hombre haga por lograrla y es por ello que la suerte puede ser momentánea, mientras que la calidad podemos hacer que sea permanente.

Y es que en esta actividad de los gallos, se ha demostrado no sólo con teoría, sino con la práctica que cuando hay calidad, la suerte viene casi siempre a complementarla, que no se logra de un día para otro, que requiere tiempo y esfuerzos inmensurables pero es lograble.

Un gallo que necesita más del tiempo promedio para aniquilar al contrario, que no es capaz de decidir después que ha puesto la pelea a su favor, que no es persistente, avasallador y siempre agresivo, nunca nos dará la seguridad ni la satisfacción de su triunfo.

Entonces si queremos calidad en nuestros ejemplares, debemos considerar los siguientes factores:

¨ – Correcta selección de la cría (padre y madre), prestando la debida atención a su desarrollo desde que sale del cascarón hasta que está de pelea.

¨ – Alimentación adecuada, balanceada y efectiva desde que nace hasta la pelea, que le garanticen adecuada salud y fortaleza.

¨ – Selección estricta e imparcial de sus cualidades combativas desde los primeros topes, que pique y agarre con firmeza de la garganta al buche, por la cabeza y cuello o punta de ala en los puntos precisos para asestar buenos golpes y heridas certeras y contundentes.

¨ – Que sea cortador, no hacer muchos tiros por gusto.

¨ – Suficiente oxigenación, voluntad de combate, con buena esquiva, soltura y rapidez para rebatir, y sobre todo, fiereza inagotable que le permita aún en momentos críticos ante golpes o heridas, recuperarse y contraatacar con eficiencia. Nunca amilanarse por perdido que esté.

¨ – Si no posee conocimientos y experiencia suficiente para la etapa de cuido y entrenamiento, seleccione cuidadosamente al gallero apropiado.

¨ – Nunca valorar al pollo en los topes o al gallo en la pelea por lo que haga a uno de inferior calidad, sino por lo que es capaz de hacerle a un contrario de valía.

Estoy seguro que puedan considerarse y añadirse otros aspectos a los mencionados, observe que la palabra selección está indisolublemente ligada a la calidad y además, no es muy probable lograr en una parvada todas estas características que harían el gallo perfecto, el ideal, pero si somos capaces de alcanzar al menos un 85% de ellas, la suerte será un atributo más en la lista.

Como a todo gallero me gusta ganar siempre mis gallos, pero siento mayor satisfacción con un gallo que pierde luchando por la victoria pluma a pluma, hasta la última gota de sangre, que uno que gana por un golpe de suerte y me ha tenido todo el tiempo de la pelea con el susto en la boca. Es mayor el efecto personal que el económico y en ello hay similitud a lo tratado anteriormente entre calidad y suerte, el primero puede permanecer, el segundo no.

Por eso es que le doy cada vez más la razón a ese gran poeta chileno Mario Benedeti cuando en uno de sus poemas concluyó que la suerte es el pretexto de los fracasados.