A MI GALLO HOY LE TOCO PERDER

Hoy me toco perder. Este torneo quedara grabado en mi memoria al igual que el de mi debut y el de mi primer triunfo, y los siguientes, y otros que no trascienden, pero el del día de hoy es uno de los que quisiera olvidar y no haber jugado.

Siempre he creído ser buen perdedor. Claro que esto es algo que a nadie le gusta y nos causa enojo y desilusión. Sin embargo ya que con el tiempo recorrido uno aprende a asimilar las derrotas y saborear las victorias sin ensalzarse ni burlarse de los demás galleros ya que la superioridad es relativa, y en cualquier momento el gallo supuestamente mediocre, falto de casta y finura nos da un revés y nos regresan los pies a la tierra.

Los gallos nos demuestran con hechos lo que es la casta y el honor, lo cual es lo que nos hace sentirnos orgullosos. Entonces, si ellos que son animales aprenden de nosotros en el momento de prepararlos y se convierten en amigos incondicionales, porque no aprender también nosotros de ellos.

El tema de la suerte es controversial ya que algunos la consideran innecesaria, sin embargo se necesita por ser las peleas de gallos un juego al azar con las mismas posibilidades de que gane un gallo o el otro.

Que tan importante es perder con dignidad así como lo hacen los gallos? Para saber ganar tienes que saber perder, y con esto te convertirás en un gran triunfador. Son cosas sencillas pero que en conjunto con otras cuentan mucho.

Las derrotas son en cierta forma necesarias aunque no todos las vemos así. Ellas te ubican, y retan a superarte, y a que demuestres con tus acciones y hechos el valor de seguir adelante y ser día a día mejor, o la oportunidad de retirarte argumentando cualquier pretexto: que son pollos, que te mecharon con el fin de que perdieras, que te jugaron con veneno, que los gallos se te cayeron, que el que los puso lo hizo mal, que el clima, que el juez, que el amarrador, en fin, cientos de cosas mas, y que son las razones por las cuales mejor ya no juegas o que ahora jugaras en corraleras o clandestinas sin darte cuenta que en realidad te engañas tu mismo y haces lo que exiges al gallo que no haga. Huir, correr, ir por la pistola, o como le digan.

Demuestra la casta y honor que buscas en un buen gallo. Tu eres buen gallero, sigue adelante!