GALLO ESPAÑOL EL COMBATIENTE ESPAÑOL

EL GALLO ESPAÑOL

Podríamos englobar aquí todos aquellos especimenes que cumplan con los requisitos del patrón aprobado, exceptuando entonces las variantes con distintos tipos de cresta al de sierra o al de clavel (crestellados) y englobar los tipo de gallos españoles Jerezanos y tipo Canarios anteriormente mencionados, pero de los que vamos hacer mención especial en otro apartado.

Podemos decir de estos animales que fueron introducidos por los fenicios en la península y que desde entonces han venido ajustándose según las necesidades y variantes en su pleito, formandose así un tipo de gallo comodín utilizado para la mayoría de los estilos de pelea y sobre todo para aportar rapidez, fineza, nobleza y elegancia en todos los casos.

Es para la mayoría de los conocedores de estas artes la base principal a la hora de crear una linea y todo esto es fruto de la constante clasificación que para el estilo de pleito español se les requiere a estos animales.

Respecto al standard o patrón a seguir, el combatiente español es un animal de pico corto y fuerte, alas largas heredadas de los antiguos gallos bankivas de los que proviene y que por su naturaleza eran animales voladores al contrario que esa otra rama de la que provienen los gallos orientales que se defendían corriendo y están englobados en el grupo de los corredores.

Es de alzada levantada y de pecho y muslos fuertes y bien desarrollados. Plumaje abundante y cola larga y poblada. Respecto a sus variantes de pluma y color son innumerables, pero de especial mención son los colorados, los pechinegros, los giros, los gallinos y los réculos y toda una gama de plumas que intercambiadas entre sí le dan a cada gallo, gallero y linea un carácter personal y particular.

Actualmente se juegan con espuelas naturales de entre 18 y 20 mm. aproximadamente, lo que le confiere un pleito que suele durar en algunos casos hasta media hora si ninguno de los contrincantes es heridor y de escasos minutos si el gallo es bueno y caza pronto al rival.

Eso sí, este tipo de pleito es bastante martirizador, lo que para ello se requieren animales de una fineza extraordinaria y en muchos casos se observan peleas en las que las remontadas son verdaderamente apasionantes y vemos surgir fuerzas de la flaqueza en los gallos que luego son clasificados para castear.

Otro punto a tener en cuenta, es que muy pocos casteadores utilizan la consanguineidad a la hora de hacer sus cruces y la forma de forjar las líneas es a base de cruzar lo mejor clasificado de cada cual con lo mejor que puedas obtener de una gallería amiga, evitando así los productos problemáticos que de aquí pueden surgir y dándole a los animales la fortaleza del vigor híbrido cada vez que hacemos un nuevo cruce.